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El Esperanzador - Lunes de la Semana 23, TOA - Lc 6, 6-11

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Jesús ofrece esperanza a aquellos que están desesperadamente necesitados de esperanza; así que cuando entró en la sinagoga, debió haber dado esperanza al hombre con la mano marchita, a pesar de la presencia hostil de otros. Y la esperanza del hombre necesitado de ella no fue decepcionada. En el evangelio de Lucas las últimas palabras que Jesús le dirige a otro ser humano sufriente como Él son palabras que dan esperanza a un condenado crucificado a su lado, "hoy estarás conmigo en el Paraíso". Para los creyentes que queremos dedicar nuestras vidas a la Paz, la Alegría y la Justicia, El Señor resucitado sigue siendo una presencia esperanzadora en nuestras vidas, en nuestros planes, en nuestros trabajos y en nuestros fracasos. En la carta a los Colosenses, Pablo se refiere a "Cristo entre ustedes, su esperanza de gloria". Pablo nos recuerda que el Señor vive entre nosotros, y que su presencia entre nosotros es el anticipo de la gloria eterna. Su presencia entre n...

que Él viva su vida en nosotros - Jn 6, 30-35

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Jesús quiere ser parte de nosotros, obrar en nosotros vivir en nosotros, dar testimonio a través de nosotros. El odio, el fanatismo y el egoísmo nos aleja de la verdad y del amor que Jesús nos trajo desde el seno de su Padre. Por ese celo fanático, incluso uno tan bien intencionado como Saúl de Tarso aprobó apedrear a quien según él, promovía una herejía.  Lejos del odio y cerca del verdadero amor, el propio Esteban aceptó su suerte en paz, "lleno del Espíritu Santo".  Incluso cuando fue arrastrado fuera de la ciudad en el medio de un vórtice de odio, Esteban no respondió a la ira con ira, ni a la frustración con la rabia.  Se elevó por encima de la incredulidad y la violencia con la fuerza que ganó del Señor resucitado. Con el Espíritu del resucitado, debatió poderosamente con sus jueces en la corte del Sanedrín, pero más importante, reconoció la providencia y la voluntad de Dios, donde otros ejercían el odio y el fanatismo y seguían atrapados por la ...

Una lluvia de gracia, como la caída del rocío - Ef 1, 1-10

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Yo, Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, les deseo a ustedes, los hermanos y fieles cristianos que están en Éfeso,  la gracia y la paz, de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor, y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos, para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado. Pues por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plen...